lunes, 23 de junio de 2014

Dia seis

Soy un idiota. ¡Un auténtico gilipollas!

Como todo hombre en la cumbre de la era de la información, creo saberlo todo. Se como construir casi cualquier cosa, arreglar averías, producir los bienes que necesite. Soy un sabio de la ciencia y la medicina. Hasta el mas mínimo resquicio de conocimiento humano está a mi entera disposición.

Desgraciadamente todo esa sabiduría no está en mi cabeza y, cuando la fuente de ese conocimiento desaparece, todo lo que se es, básicamente ¡NADA!

Esta tarde conseguí volver al Wal-Mart a pesar de que ese sitio aun me da escalofríos. Me agencié latas de conservas, material de camping, agua embotellada y más baterías. De pronto me fijé en una sección que había pasado por alto: la farmacia. Ahí es donde me di cuenta…

¡Todo mi conocimiento médico está en Internet!

Hace un mes mi hijo se despertó de madrugada con fiebre alta. Una visita rápida al médico y una receta de antibiótico mas tarde y la garganta de mi hijo iba de camino a la curación. Pero… ¿qué pasa si mañana soy yo quien se levanta con fiebre?, ¿y si me hago una herida?, ¿y si me caigo y me rompo un brazo?

Cuando entre en aquella farmacia me agobié muchísimo. Aquello era la gota que
colmó el vaso. Después de todo lo que está pasando, ser consciente de mi propia ignorancia, de mi incapacidad para usar las herramientas al alcance de mi mano, era la ironía final que no estaba dispuesto a aceptar.
Acabé llorando y pataleando como un crío al que su madre no le quiere comprar el caramelo, y que, viéndolo tan cerca y tan lejos, se encorajina. Durante un momento deseé que vinieran los guardias de seguridad a desalojarme, pero los ecos de mi rabieta eran lo único que acudía a mi encuentro.

Tardé al menos una hora en recuperar la calma y, acto seguido, me puse a recolectar todo aquello que pude reconocer. Amoxicilina, Penicilina y Seroxat. Poca cosa, y, al final, dejé el Seroxat dónde estaba. Aunque no quiero empezar con antidepresivos quizá debí haberlo cogido, por si acaso. Al final me llevé todo lo que pude, aunque no supiera qué era.

Cargué la mayoría en mi todoterreno, dejando los bultos que no cabían en el
suelo de cemento del aparcamiento.

Me he pasado las últimas horas en Google. La página de WebMD, desgraciadamente, me hace saltar el error 404, “No se puede encontrar la página”. Lo mismo ha pasado con muchas otras paginas que he intentado visitar. Estoy imprimiendo toda la información que puedo encontrar; desde como cultivar mi propia penicilina, hasta como hacer fuego con mis propias manos. También he conseguido información acerca de los medicamentos que conseguí traer hoy, la mayoría no parecen ser muy útiles. Aun así seguiré acumulando todo este conocimiento hasta que me quede sin papel o, en su defecto, haya imprimido todo lo que queda de información en Internet.

Por favor Dios… No me quites Google.

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